Licenciada en Psicología Social, egresada de la Universidad Americana, con matrícula profesional N.º 18554.
Me formé en Biodescodificación, PNL, Mindfulness, Neurociencias aplicadas y Reprogramación mental, emocional y conductual profunda.
Actualmente curso dos posgrados: Neuropsicología Aplicada y Psicología Humanística, integrando una mirada científica, humana y profunda para acompañar procesos de transformación personal.
Nací en un pueblo pequeño de San Luis, Argentina, en una familia ensamblada, con muchos hermanos, mamá y papá. Crecí en un ambiente donde estaban muy presentes el amor por la familia, los libros, la imaginación y esa manera tan nuestra de compartir lo poco o mucho que había.
En mi casa había dos reglas que todavía llevo conmigo: “Todo lo que entra por la puertita negra se comparte.” “Los hermanos se aman, pase lo que pase.”
Mi infancia también estuvo marcada por carencias económicas. Después de que mi papá perdió su trabajo, mis padres tuvieron que reinventarse muchas veces para salir adelante. Los vi trabajar, vender pan, buscar formas, sostenernos como podían y hacer todo lo posible para que la vida siguiera teniendo algo de belleza, incluso en medio de las dificultades. Con los años, mi papá atravesó problemas de salud muy profundos y su muerte marcó un antes y un después en mi vida. Ese dolor me llevó a buscar respuestas y a querer comprender mejor la mente, las emociones, los vínculos, las decisiones y la forma en que la historia personal puede influir en nuestra manera de vivir.
Me casé muy joven, esa relación dejó heridas importantes y muchos aprendizajes, doy gracias por cada uno de ellos. Con el tiempo entendí algo que hoy sostengo con mucha claridad: una infancia difícil puede explicar muchas cosas, pero jamás justifica que la persona maltrate a su pareja.
Seguir adelante, sanar, volver a confiar y a abrir mi corazón al amor fue uno de los procesos más importantes de mi vida. Ahí confirmé algo que ya había visto muchas veces en mi mamá, en mi familia y en mi propia historia: el amor también nos ayuda a levantarnos, reconstruirnos y empezar de nuevo.
Por qué nació El Amor Traspasa
El Amor Traspasa nació de esa certeza: el amor puede atravesar el miedo, el dolor, las pérdidas y las etapas más difíciles de la vida.
No hablo de un amor perfecto ni de una idea romántica. Hablo del amor como fuerza interna.
Ese amor que nos motiva a pedir ayuda, poner límites, sanar heridas, elegir distinto y dejar de vivir desde lo que nos lastimó.
Hoy acompaño a personas de más de 15 países a comprender su historia, transformar patrones emocionales y construir una vida más consciente, coherente y amorosa.
Mi deseo es que, cuando llegues a este espacio, te sientas acompañado, cuidado y respetado.
Que puedas mirar tu historia sin miedo y empezar a transformarla paso a paso. Tu historia puede haberte marcado, pero no tiene por qué seguir decidiendo por ti.
Nunca es tarde para tener una infancia feliz.
Sanar, transformar y reescribir tu historia es posible.